Marco Antonio Collazos: El Arquitecto Silencioso de la Música Peruana
La música no solo se compone de quienes están frente a un micrófono o bajo los reflectores de un escenario; se construye, sobre todo, en la visión de aquellos que, desde la consola de sonido y la dirección artística, logran capturar el alma de un pueblo. El pasado 20 de marzo de 2021, el mundo de la industria fonográfica perdió a uno de sus pilares más grandes: el maestro Marco Antonio Collazos Gonzáles.
Hoy, en este espacio dedicado a la preservación de nuestra memoria musical, quiero rendir un homenaje profundo a este huaracino de nacimiento, quien con su formación en administración y marketing, pero sobre todo con su oído privilegiado, moldeó el sonido de las décadas más importantes de la música en el Perú.
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| El Maestro Marco Collazos |
Los Inicios en FTA: El Nacimiento de un Visionario
La carrera de Marco Antonio comenzó a forjarse en 1967, cuando ingresó al sello FTA (Fabricantes Técnicos Asociados). Curiosamente, sus primeros pasos no fueron en el estudio, sino en el área de ventas. Esta etapa fue crucial, pues le permitió entender qué era lo que el público buscaba, cómo se movía el mercado y qué sonidos lograban conectar con la gente. Su talento natural no pasó desapercibido, y pronto hizo la transición a productor musical, demostrando que su verdadera vocación estaba en la creación del producto fonográfico.
El Paso por los Grandes Sellos: INFOPESA e IEMPSA
Si hablamos de la época de oro de nuestra música, tenemos que hablar de su paso por INFOPESA en 1977. Como productor musical, Marco Antonio fue responsable de pulir el sonido que hoy consideramos clásico. Sin embargo, su inquietud profesional lo llevó a IEMPSA (Industrias Eléctricas y Musicales Peruanas) en 1978, donde asumió el cargo de Director Artístico. En esta casa discográfica, su influencia fue total, decidiendo el rumbo de grabaciones que hoy son tesoros nacionales.
Para 1980, regresó a INFOPESA, pero ya con el galón de Gerente de Producción, supervisando procesos complejos que iban desde la grabación hasta la fabricación del disco físico. Su capacidad de gestión lo llevó incluso a la televisión, integrando la División de Discos de Panamericana Televisión en 1981, diversificando su alcance hacia los medios masivos.
Un Maestro de las Consolas y la Promoción
Marco Antonio Collazos no era un hombre de oficina; era un hombre de sonido. Su experiencia como sonidista incluso trascendió fronteras, trabajando en los Estados Unidos, donde perfeccionó técnicas de ingeniería de audio que luego aplicaría en las producciones locales. En 1987, su llegada al sello El Virrey como productor musical cerró un círculo de excelencia, habiendo pasado por las cuatro empresas discográficas más importantes de la historia del Perú.
El Legado en sus Manos: Los Artistas
Es abrumador repasar la lista de talentos que pasaron por su dirección y sus manos en la consola. Marco Antonio fue el responsable de dar coherencia sonora a agrupaciones icónicas de la cumbia peruana como Los Mirlos, Los Ecos, Los Beta 5 y Los Girasoles. Bajo su tutela, el sonido de la selva y la ciudad encontraron un equilibrio técnico perfecto.
Pero su registro no tenía límites de género. Trabajó con la elegancia de la música criolla de la mano de Lucha Reyes, Arturo “Zambo” Cavero, Cecilia Bracamonte y Panchito Jiménez. En el ámbito de la salsa y el tropical moderno, fue pieza clave para figuras como Antonio Cartagena, Willy Rivera y el Grupo Mestizo.
Incluso en los años 90, su visión fue fundamental para el fenómeno de la tecnocumbia, produciendo a artistas de la talla de Rossy War y Karla de Argentina, además de potencias de la cumbia norteña como Agua Marina y Armonía 10 de Piura. No podemos olvidar sus colaboraciones con grandes directores y arreglistas como Otto de Rojas y Tito Chicoma, o su trabajo con voces populares como las de Claudio Morán y el Grupo Maravilla.
Conclusión Final
Marco Antonio Collazos fue más que un gerente o un productor; fue un facilitador de sueños. Entendía que cada artista necesitaba un tratamiento distinto: desde el humor de Adolfo Chuiman y Miguelito Barraza, hasta la melancolía de los Pasteles Verdes.
Su partida nos deja un vacío técnico e histórico inmenso. Marco Antonio sabía cómo debía sonar el Perú, y dedicó su vida a que ese sonido fuera impecable, profesional y eterno. Desde este blog, saludamos su memoria y agradecemos cada nota y cada frecuencia que ajustó para que nuestra música brillara. Descansa en paz, maestro, que tu obra seguirá girando en cada tornamesa y en cada rincón donde suene una canción peruana.

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