El Histórico Reencuentro entre Michi Boogaloo y Coco Lagos en Medellín

Hay momentos en la vida que parecen estar escritos en las partituras del destino mucho antes de que los protagonistas siquiera se imaginen que van a encontrarse. Lo vivido recientemente en Medellín, Colombia, no fue simplemente un viaje de trabajo o una asistencia más a un festival de música; fue una peregrinación al corazón mismo de la cultura que nos apasiona. Medellín se transformó en el epicentro de un fenómeno que rompe barreras lingüísticas y geográficas la Salsa.

Caminar por las calles de la capital antioqueña durante la celebración de las "Leyendas Vivas de la Salsa" es sumergirse en un mar de acentos. Es asombroso ver cómo este género musical, nacido en los barrios y pulido en el Caribe y Nueva York, tiene el poder de congregar a fanáticos de lugares tan distantes como Francia, Italia y España. Ver banderas de México, Ecuador, Estados Unidos, República Dominicana, Venezuela, Costa Rica y Puerto Rico flameando al ritmo de una clave es un recordatorio de que somos una sola nación bajo el manto del ritmo tropical. Sin embargo, entre la multitud y la euforia de los conciertos, a veces ocurren milagros silenciosos en los pasillos de un hotel. Esta es la crónica de uno de ellos.

Michi boogaloo y Coco Lagos 

Un café, una revista y una sorpresa en el lobby

La historia comenzó de la manera más cotidiana posible. Bajé al lobby del hotel con la intención de tomar un café y repasar la revista de las Leyendas Vivas de la Salsa X. Para un coleccionista y amante de la historia como yo, esa revista no es solo papel; es un documento que certifica la vigencia de nuestros ídolos. Mientras esperaba, noté un pequeño revuelo la gente se acercaba a un hombre de porte distinguido y sonrisa amable para pedirle fotografías.

Era él Osvaldo Enrique Guardo Ramos, conocido mundialmente como el gran "Michi Boogaloo".

Me acerqué con el respeto que se le debe a una institución de la música colombiana, le solicité una foto y un autógrafo para mi revista, lo que siguió fue una lección de humildad que pocos artistas de su talla conservan. Michi, lejos de firmar y seguir su camino, se tomó el tiempo de mirarme a los ojos y preguntarme mi nombre y mi origen.

"Soy peruano, maestro", le respondí con orgullo.

Sus ojos se iluminaron de inmediato. Con una calidez que solo poseen las almas nobles, me dijo: "Yo conozco mucho tu Perú. Fui hace muchos años allá con la orquesta de Alex León, y ahí tengo a un gran amigo mío, una leyenda Coco Lagos".

Michi Boogaloo formando la revista
de Las Leyendas Vivas de la Salsa

En ese momento, el tiempo se detuvo. Sentí un escalofrío que solo los que vivimos por esta música entendemos con la voz entrecortada por la emoción, le respondí: "Maestro Michi, no me lo va a creer, pero yo he venido desde Lima acompañando precisamente a Coco Lagos para su presentación en este festival".

Michi Boogaloo, que ya se había presentado el día 23 en el local Melodía de Antaño de Edgar Berrio, me confesó que se había quedado en Medellín más días de los previstos con un solo propósito quería ver el show de su hermano Coco Lagos. La sencillez de Michi, su disposición y su alegría constante me confirmaron que los grandes de verdad no necesitan pedestales.

Marco Alarcón y Michi Boogaloo

La terraza de los recuerdos 30 años en un abrazo

Subí rápidamente a buscar a nuestro compatriota al encontrarme con el maestro Coco Lagos, le solté la noticia como quien entrega un tesoro.

"Coco, hay un amigo tuyo que quiere verte desesperadamente. Dice que no se ven hace más de 30 años".

Coco me miró con curiosidad. ¿Quién es?, me preguntó.

"Es Michi Boogaloo", respondí.

La expresión de Coco se transformó una sonrisa de oreja a oreja iluminó su rostro. "¡Michi! pero si Michi es un artista de talla mundial lo conozco desde que llegó a Lima siendo un muchachito. ¡Qué alegría será volver a verlo!".

Gracias a la gestión y coordinación de mi gran amigo Juan "Johnny" Benítez, logramos organizar el encuentro en la terraza del hotel. El aire de Medellín parecía más ligero en ese momento cuando se vieron, no hubo palabras inmediatas, solo un abrazo largo y apretado un abrazo que contenía tres décadas de respeto, admiración y una amistad que ni la distancia ni el tiempo pudieron erosionar.

Michi Boogaloo y Coco Lagos después de 30 años se volvieron a ver

Allí, junto a mi esposa y nuestro amigo Johnny Benítez, nos convertimos en los cronistas accidentales de una tarde histórica. Las anécdotas empezaron a fluir como si el tiempo no hubiera pasado.

Aquel legendario año de 1989

Michi recordó con precisión su llegada a Lima en 1989. Fue una época dorada donde la orquesta de Alex León desembarcó en tierras peruanas con una nómina de ensueño. Michi nos contaba detalles de los músicos que lo acompañaban: el venezolano Pedro Chaparro en la trompeta (recordado por su paso magistral con Richie Ray y Bobby Cruz) y el puertorriqueño Hervy Martínez también en los metales. Alex León comandaba los timbales y Michi ponía esa voz prodigiosa que lo caracteriza. Como nota curiosa, recordaron cómo en Perú sumaron al talento local, incorporando al gran Lucho Cueto en el piano.

Michi confesó algo que nos conmovió él era admirador de Coco Lagos desde que era un niño. En su natal Colombia, miraba las portadas de los LPs de Coco, estudiaba su técnica en las congas y soñaba con conocerlo el destino, caprichoso y generoso, no solo permitió que se conocieran, sino que los convirtió en colegas y hermanos de vida.

Michi Boogaloo y Coco Lagos recordando anécdotas

Vecinos en Paterson

Entre risas y recuerdos, surgió una historia que parece sacada de una novela de realismo mágico después de aquellos años en Lima, se perdieron la pista sin embargo, la vida los volvería a unir de la forma más insospechada en Paterson, New Jersey, Estados Unidos.

Michi contaba que llevaba un tiempo viviendo allí un día cualquiera, salió a la calle para sacar la bolsa de basura y, de pronto, vio una figura familiar caminando por la acera de enfrente. Se frotó los ojos. No podía ser.

"¡Coco! ¿Tú qué haces aquí?", gritó Michi.

Coco, con su calma habitual, le respondió: "¡Michi! Yo vivo aquí, en esta cuadra".

Sin saberlo, las dos leyendas eran vecinos en la misma ciudad estadounidense. Durante ese tiempo en Paterson, reforzaron su vínculo, compartiendo la cotidianidad y la pasión del músico, hasta que nuevamente sus caminos profesionales los separaron... hasta este reencuentro en Medellín gracias a la visión de Edgar Berrio, el artífice de las "Leyendas Vivas de la Salsa".

El Legado de Osvaldo Enrique Guardo Ramos "Michi Boogaloo"

Para los lectores más jóvenes o aquellos que recién se sumergen en la discografía tropical, hablar de Michi Boogaloo es hablar de una de las trayectorias más sólidas del Caribe colombiano. Nacido el 7 de octubre de 1955 en María La Baja, Michi es un músico integral percusionista de oído fino, compositor de alma y un cantante cuya versatilidad le permite navegar desde el boogaloo más frenético hasta la salsa más romántica y sentida.

Sus primeros pasos los dio como congero en la Orquesta de Orlando Acosta (Sexteto Honda), pasando luego por la emblemática formación de Pete Vicentini y su Afrocombo, donde su estilo empezó a destacar en la vibrante escena musical de Barranquilla y Cartagena.

Su discografía es un mapa del sabor que todo coleccionista debe poseer:

• 1975: Participa con la Orquesta La Protesta de Colombia en el LP homónimo bajo el sello CBS, aportando su voz y coros.

• 1985: Deja huella con la Orquesta Alma Latina en el álbum Futuro para Guajiro Records.

• 1989: Su año de consolidación internacional con la orquesta de Alex León, grabando joyas como Siempre Pa' Arriba (Bat Discos) y Ahora Sensual (TH-Rodven).

• 1989: Aparece como invitado especial de Gabino Pampini en el LP Fuerza Noble (Codiscos).

• 1994: Se une a Carlitos y su Grupo Macambila para el álbum Preso de Amor (Discos Fuentes).

• 1995: Continúa con el Grupo Macambila en el trabajo Te dejo libre (Barco's Records).

Un sueño hacia el futuro

Ver a estos dos maestros juntos en la terraza de un hotel en Medellín fue más que un reencuentro; fue la validación de que la música hecha con el corazón crea lazos indestructibles. Al despedirse, quedó en el aire una promesa silenciosa y un anhelo que comparto con todos ustedes: ¿Se imaginan un trabajo musical que reúna al maestro de la percusión peruana, Coco Lagos, con la voz y el sabor de Michi Boogaloo? Sería, sin duda alguna, un hito para la historia discográfica de nuestra América Latina.

Marco Alarcón, Michi Boogaloo, Coco Lagos y Johnny Benítez
en la Terraza del Hotel Zoho Living en Medellín

Desde este espacio, agradezco a la vida por haberme puesto en el lugar correcto, con la revista correcta y el café justo, para facilitar este abrazo que esperó 30 años. La salsa sigue viva, y mientras existan caballeros como Michi y Coco, el ritmo nunca morirá.

¡Que viva la Salsa y que viva la hermandad entre Perú y Colombia!

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