Hasta siempre Rubén de Alvarado
Adiós a Rubén de Alvarado, la Voz Peruana que Conquistó a la Matancera
El 3 de abril de 2026 quedará marcado en el calendario de los grandes amantes de la música tropical como un día de luto profundo. El eco de una de las grandes voces parece haberse silenciado en los callejones de Lima y en los salones de baile. Nos ha dejado Julio Jiménez Minaya, conocido mundialmente como Rubén de Alvarado, un hombre que no solo fue un cantante, sino un puente viviente entre la edad de oro de la música tropical peruana y la salsa mundial. Sus restos, que hoy descansan en el Hospital Edgardo Rebagliati, dejan tras de sí una estela de anécdotas, elegancia y un sabor que difícilmente volveremos a presenciar.
Esta es la crónica de un peruano que, con la humildad de los grandes, se codeó con las leyendas y puso nuestra bandera en el pedestal más alto de la música Latina (Salsa).
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| Julio Jiménez Minaya "Rubén de Alvarado" |
Los Inicios: De su carrera musical
Un 19 de agosto de 1935, nació Julio Jiménez Minaya creció en una Lima que aún respiraba el aroma de los valses y la bohemia de antaño. Antes de ser "Rubén de Alvarado" que todos aclamamos, fue un joven apasionado por el cantar del bolero y el sentimiento del vals criollo. Sin embargo, su destino estaba escrito en clave de rumba. Su herencia como hijo de padre cubano le otorgaba un fraseo natural y un sentido del ritmo que lo diferenciaba del resto.
En la década de los años 50s, apenas un adolescente, fue acogido por "Los Demonios del Caribe". En esa agrupación, Julio comenzó a pulir ese estilo "atildado", esa presencia escénica que años más tarde le valdría el respeto de los grandes directores de orquesta. Eran tiempos donde la música tropical en el Perú se cocinaba a fuego lento, fusionando lo nuestro con la brisa que llegaba de la isla mayor de las Antillas ( Cuba).
El Bendecido por "El Bárbaro del Ritmo"
La historia de Rubén de Alvarado está llena de momentos casi místicos. Uno de ellos ocurrió en 1958, cuando el mítico Benny Moré, "El Bárbaro del Ritmo", aterrizó en Lima. El cubano se presentaba con la Orquesta de Armando Boza, pero en sus ratos de descarga en el famoso Night Club Las Brujas, el destino cruzó sus caminos.
Rubén, que en ese entonces cantaba con la gran Orquesta de Freddy Roland, fue invitado por el propio Benny para hacerle los coros. Imaginen la escena: el cantante más grande de Cuba reconociendo en el joven peruano ese "swing" auténtico. Junto a Koki Palacios y Tito Contreras, Rubén sostuvo las armonías para el "Bárbaro", una experiencia que él mismo describía como su graduación definitiva en la universidad de la calle y el escenario.
El Salto a la Gran Manzana
Su elegancia no pasó desapercibida para los empresarios internacionales. Mientras trabajaba con la Orquesta de Carlos Berscia, llegó una oferta que cambiaría su vida: una gira por los Estados Unidos para la Colonia Peruana. Pero había una condición innegociable en el contrato: Rubén debía ser el cantante principal.
Fue así como, junto a la Orquesta de Freddy Roland, Rubén de Alvarado pisó Nueva York por primera vez. De actuar en los clubes de Lima, pasó a las luces de neón del Club Peruano y al prestigio absoluto del Waldorf Astoria. En la capital del mundo, su nombre empezó a sonar con fuerza entre los músicos latinos que buscaban esa voz que tuviera el peso de la tradición pero la frescura de la modernidad.
La Consagración: El Peruano en la Sonora Matancera
Si existe un "Santo Grial" para cualquier cantante de música tropical, ese es, sin duda, la Sonora Matancera. En 1957, cuando la Decana de América visitó Lima, Rubén trabó una amistad genuina con el maestro Rogelio Martínez. Esa conexión no fue un simple saludo de camerino; Rogelio vio en Rubén a un cantante esepcional que llamó mucho su atención.
En 1969, tras el sensible fallecimiento del cantante Tony Díaz, Rogelio Martínez no lo pensó dos veces: fue a buscar a su amigo peruano. Tras una breve prueba que fue más una formalidad que un examen, Rubén debutó en el New York Casino. Lo que inicialmente era un contrato por un año, se transformó en una estancia de siete años como voz estelar de la agrupación más importante del Caribe.
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| Rubén a lado de integrantes de la Sonora Matancera |
"Cantar con la Sonora no es solo cantar; es llevar el peso de la historia sobre los hombros", decía Rubén con frecuencia.
Lamentablemente para los coleccionistas, la etapa de Rubén con la Sonora coincidió con los amargos problemas legales de la agrupación con el sello SEECO Records. Esto impidió que quedaran registros de estudio de esta unión magistral. Sin embargo, quienes frecuentaron el Caborrojeño, el Aragon Room de Chicago, el Bronx Casino o el Havana San Juan, fueron testigos presenciales de su gloriosas presentaciones con La Sonora. Rubén llevó el sabor peruano hasta los Carnavales de Caracas, demostrando que para el talento no existen fronteras geográficas.
El Legado con Willie López y "La Nueva Combinación"
Ante la imposibilidad de grabar con la Matancera por los líos contractuales, Rubén no se quedó de brazos cruzados. En 1973, unió fuerzas con el talentoso percusionista Willie López para grabar un LP que hoy es muy buscado por los melómanos y coleccionistas: "Willie López y la Nueva Combinación".
Bajo el sello Karen Records (y distribuido en nuestro país por IEMPSA), este disco nos permite escuchar a un Rubén de Alvarado en su plenitud, navegando entre la salsa brava y el guaguancó con una soltura envidiable. Fue su válvula de escape creativa mientras la Sonora Matancera resolvía sus juicios legales, un periodo donde, irónicamente, el mejor cantante peruano en el extranjero tenía prohibido grabar con la Orquesta de sus amores por estrictos temas legales.
El Adiós de un Caballero
Rubén de Alvarado no solo fue un cantante; fue un caballero del escenario. Nunca olvidó sus raíces y siempre llevó el nombre del Perú con una dignidad ejemplar en una época donde la salsa se estaba gestando como movimiento mundial. Él estuvo allí, en la primera línea, junto a los gigantes, sin que le temblara la voz ni el paso.
Hoy, Julio Jiménez Minaya se reúne en el gran escenario celestial con Benny, con Rogelio y con todos aquellos con quienes compartió tarima. A nosotros nos queda su ejemplo, sus anécdotas en el Waldorf Astoria y ese orgullo de saber que un peruano fue, es y será parte esencial de la historia de la Sonora Matancera.
Descanse en paz, maestro. Tu voz seguirá sonando mientras haya un peruano que ame la salsa.
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| Lp Willie López Orchestra |





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